El arte Incaico aunque muchas veces inspirado en lo mágico-religioso fue hijo de la artesanía. Fue arte porque buscó la belleza. Fue artesanía porque los artesanos fueron en sus orígenes sus escultores. El artista profesional no existió en el incario, ocupó su lugar en el Yachachic Runa o artesano prominente, el hombre que por la belleza de su obra la hacía merecedora de ser legada a la posteridad.

En la arquitectura los incas usaron mucho la piedra. Cogían piedras y las encajaban una encima de otra sin ningún tipo de argamasa, haciéndolas coincidir perfectamente, de forma de que ni una hoja de papel pudiera pasar entre ellas. La superficie de las piedras las tallaban de forma que quedaran lisas y no hacían esquinas en las piedras para que pareciesen que estuvieran vivas. Las casas se hacían de un solo piso, y a veces también se usaban ladrillos de adobe y paja en las zonas costeras. El plano de las ciudades se basaba en una serie de avenidas principales y calles más estrechas que las cruzaban, que terminaban en una plaza grande con los edificios principales y los templos. De esta arquitectura basada en piedra destacan la ciudad de Machu-Pichu, situada a más de 8.000 metros de altura y la fortaleza de Sacsayhuaman cerca de Cuzco. Los incas también destacaron en los puentes colgantes con cuerdas que hacían para usarse como acueductos


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